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Capítulo I: La crueldad de una mentira

 

En la época del Sengoku, se encontraba un grupo de jóvenes en busca de pistas que los pudieran llevar hacia el demonio que les había causado tantos problemas, el ser despiadado y malevolo que les había ocasionado tantas penas y pesares. En especial a un hanyu, ese despreciable demonio le había arrebatado de nuevo la vida de la sacerdotisa que más quería, en la batalla anterior contra Naraku, este por fin pudo lograr desechar ese sentimiento de humano que moraba en su interior matando de una vez por todas a Kikyo.

 

Desde entonces el hanyu era más distante que de costumbre y sin darse cuenta al aislarse tanto de sus amigos, le provocaba un dolor muy grande a la miko que había estado con el aun sabiendo que sus sentimientos no eran correspondidos

 

- Inu Yasha – pensaba la miko observandolo detenidamente

 

De pronto sin decir la mínima palabra, el hanyu se detuvo en seco y se marchó rápidamente hacia atrás

 

- Inu Yasha espera!! – exclamaba la muchacha

 

- Señorita Kagome espere!! – dijo el houshi tomandola de un brazo - Será mejor que lo deje solo – le dijo el houshi

 

- Inu Yasha… - susurró dolida – es un tonto – exclamó la muchacha soltandose del agarre del monje corriendo en dirección contraria a donde el hanyu habia marchado

 

- Kagome no te alejes!! Espera!! – gritó la exterminadora

 

- Sango – le dijo el houshi negando con la cabeza – será mejor que los esperemos en la aldea de la Anciana Kaede hasta que regresen

 

Sango asintió con la cabeza y junto con Kirara y Shippo regresaron apesadumbrados a la aldea a esperar la llegada de sus amigos

 

- Ese tonto de Inu Yasha no se da cuenta del daño que le está ocasionando a Kagome – dijo el pequeño kitsune

 

- Si Shippo pero debes entender que para el no fue fácil volver a presenciar la muerte de la Señorita kikyo ante sus ojos – aseguró el houshi

 

- De todas maneras no es justo lo que se hace consigo mismo, el no tuvo la culpa de nada – afirmó la exterminadora

 

- Si tienen razón – susurró el pequeño Shippo

 

- En estos momentos es cuando más rencor le tengo al maldito de Naraku, es un maldito, por su culpa todos hemos estado sufriendo todo esto – dijo Sango con la mirada sombría

 

- Si pero tengan por seguro que algún día pagará todas las que ha hecho – dijo el houshi más animado

 

Mientras ellos se encontraban charlando en la aldea, una muchacha de cabellos azabaches se encontraba cerca de la orilla de un río, estaba desbordando montones de lagrimas que salían de su mirar sin control

 

- Inu Yasha… - susurraba entrecortadamente – por qué aunque siempre tuve presente que seguías queriendo a kikyo decidí quedarme a tu lado? – se preguntaba con rabia – si ya lo recordé, en ese instante lo único que quería hacer era permanecer contigo para apoyarte cuando lo necesitarás – dijo con ironía – pero ahora… ahora que ya no me dejas siquiera acercarme a ti, creo que ya no tiene sentido que me quede aquí por más tiempo – dijo secamente al mismo tiempo que caia de rodillas – quisiera irme ya de aquí, ya no lo soporto más!! – exclamó Kagome derramando más lagrimas

 

- En realidad es lo que deseas? – dijo una voz familiar entre las sombras de los árboles

 

- Quién eres tu? – preguntó Kagome temiendo la respuesta

 

- Kagome no me digas que has olvidado la voz del ser que todos ustedes más desprecian? – preguntó burlesco el tipo

 

- NARAKU! Qué haces aquí? – preguntó la chica poniendose rápidamente de pie

 

- Verás vengo por unos asuntos muy importantes y dime de verdad quieres irte de aquí? – preguntó nuevamente saliendo de entre las sombras, esta vez no estaba cubierto del traje de mandril que solía utilizar siempre, venía con su apariencia humana

 

- Eso no tengo por qué decírtelo – dijo ella

 

- Kagome no es para que te alteres de esa manera, además creo que me debes un gracias – dijo el demonio adquiriendo una expresión burlesca

 

- Yo no te debo nada – exclamó furiosa

 

- Ah en eso no tienes la razon miko, o dime no te agrado saber que ya no tendrías una rival más por Inu Yasha? – dijo Naraku haciendose el desentendido

 

- Naraku por tu culpa ha pasado todo esto!! – gritó Kagome aun mas furiosa

 

- Ay Kagome no sé cuál es el motivo de tu reclamo, siempre deseaste ser la única en el corazón de Inu Yasha o no? – preguntó Naraku – además piensa que la muerte de kikyo no hubiera sucedido si tu no hubieras deseado que así fuera – dijo el astuto demonio

 

- Qué dices? – preguntó Kagome dudosa

 

- Asi como lo oyes, tu deseabas que Inu Yasha te correspondiera y sin que te dieras cuenta ese deseo concentró energías malignas, yo solo te ayude un poco a que se cumpliera – dijo Naraku con una sonrisa por ver el impacto de la noticia que acababa de darle a Kagome

 

- Nooo te equivocas yo jamás desee que Kikyo muriera – dijo Kagome muy triste

 

- Claro que sí, debes aceptarlo, pero mira quien esta aquí – dijo Naraku señalando con la vista hacia los árboles - Inu Yasha que sorpresa tan grata

 

- Inu Yasha – volteo a ver rápidamente Kagome

 

Inu Yasha había escuchado toda la conversación de Kagome con Naraku estaba sin palabras, lo que Naraku había acabado de decir termino con toda su cordura pero lo dudaba, ese monstruo siempre les habia tendido trampas de este tipo como confiar ahora en el

 

- Eso no es verdad, cierto Kagome? – preguntó el hanyu viendo a la chica que se encontraba a unos metros de el

 

- Vamos Kagome negale a Inu Yasha que siempre quisite ocupar un lugar en su corazón – sentenció Naraku

 

- Pero yo jamás desee que Kikyo muriera!! – exclamó la muchacha muy dolida

 

- Entonces es verdad? – preguntó el hanyu confundido – dime Kagome, lo que Naraku dice es verdad?

 

- Si lo es!! Pero creeme por favor que yo jamás desee que ella muriera, tú sabes que yo jamás pense eso – dijo la muchacha desesperadamente

 

- Kagome… Como pudiste? Como pudiste separarme de Kikyo? – dijo el hanyu comenzando a perder el control

 

- Espera Inu Yasha dejame explicarte – dijo la miko escondiendo la mirada entre sus flequillos

 

- KAGOME LARGATE DE AQUÍ NO QUIERO VOLVER A VERTE!! – exclamó el hanyu furioso desapareciendo entre las sombras

 

Kagome se quedo ahí sumiendose cada vez más en una tristeza infinita que le embargaba cada partícula de su ser, cada segundo que pasaba era el tiempo en el que su mente se adentraba más y más en la oscuridad que ahora rondaba en su corazón. Naraku estaba muy feliz por todo lo presenciado, su plan estaba resultando al pie de la letra, ahora solo hacía falta dar el último paso y la perla de Shikon por fin sería suya…

 

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